En noviembre el frío vuelve y... también mis actividades

Tras una parada de casi dos meses debido a pequeños problemas de salud y algunos temas familiares que tenía que solucionar, vuelvo a estar con vosotros con más ganas que nunca. 

El otro día llegó a mí este precioso texto del libro “La sabiduría de vivir” de José María Toro.

"LAS HOJAS NO CAEN, SE SUELTAN…. Siempre me ha parecido espectacular la caída de una hoja. Ahora, sin embargo, me doy cuenta que ninguna hoja “se cae” sino que llegado el escenario del otoño inicia la danza maravillosa del soltarse. Cada hoja que se suelta es una invitación a nuestra predisposición al desprendimiento. Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad y profundo de sabiduría: la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire sabe del latido profundo de una vida que está siempre en movimiento y en actitud de renovación. La hoja que se suelta comprende y acepta que el espacio vacío dejado por ella es la matriz generosa que albergará el brote de una nueva hoja. La coreografía de las hojas soltándose y abandonándose a la sinfonía del viento traza un indecible canto de libertad y supone una interpelación constante y contundente para todos y cada uno de los árboles humanos que somos nosotros. Cada hoja al aire me está susurrando al oído del alma “suéltate”, “entrégate”, “abandónate”, “confía”… Cada hoja que se desata queda unida invisible y sutilmente a la brisa de su propia entrega y libertad. Con este gesto la hoja realiza su más impresionante movimiento de creatividad ya que con él está gestando el irrumpir de una próxima primavera. Quizás me reconozco como un árbol al que le cuesta soltar muchas de sus hojas. Quizás tengo miedo ante la incertidumbre del nuevo brote. Quizás me siento tan cómodo y seguro con estas hojas predecibles, con estos hábitos perennes, con estas conductas fijadas, con estos pensamientos arraigados, con este entorno ya conocido… Solo las hojas que se resisten, que niegan lo obvio, tendrán que ser arrancadas por un viento mucho más agresivo e impetuoso y caerán al suelo por el peso de su propio dolor. Pero también podemos dar un paso adelante para sumarnos a esa sabiduría, generosidad y belleza de las hojas que “se dejan caer”. Podemos lanzarnos a este abismo otoñal y sumergirnos en un auténtico espacio de fe, confianza, esplendidez y donación. Sé que cuando soy yo quien se suelta, desde su propia consciencia y libertad, el desprenderse de la rama es mucho menos doloroso y más hermoso. Las hojas no caen, se sueltan".


Después de leerlo me sentí muy identificada con lo que decía, con esa similitud entre nosotros y los árboles en pleno otoño.

Desde que comencé con Reiki he sido como ese árbol de hoja caduca que va dejando que sus hojas se vayan soltando una a una. Anteriormente, era más bien como un árbol de hoja perenne, me resistía a los cambios y a no ser que viniese un enorme vendaval que me arrancase las hojas de cuajo, yo no hacía nada.

En estos últimos meses, una tormenta a venido en mi ayuda para que pueda soltar ciertas situaciones muy ancladas en mi vida. Cuando no eres capaz o no quieres escuchar a tu ser interior y te aferras a lo que tienes, terminas enfermando. Es la forma que tiene nuestro cuerpo de decirnos que algo no va viendo que nos escuchemos y cambiemos lo que no fluye, lo que nos mantiene atascados en un punto de nuestra vida.

Foto: David de la Iglesia
Ahora, que estoy soltando mis hojas, todo se va colocando, mi salud, mi situación familiar. Y aunque todavía tengo esas hojas que se resisten, pronto se irán soltando, a su tiempo, en una suave danza que me permita disfrutar de ese momento.

Y mientras mis hojas caducas se sueltan, seguiré con mis actividades y mis terapias, fruto de todos estos años de soltar.

Podéis ver las actividades aquí.

Un fuerte abrazo y ¡¡a soltar hojas!!

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